sábado, noviembre 18, 2006

Américo Huarco

Una vida llena de historias, anécdotas y sueños.

"Gracias a mi trabajo he conocido a grandes hombres. He conocido a dos premios Nobel de Literatura: Pablo Neruda, en año 70, tres años antes de su muerte; y a José Saramago en el 2000. En una oportunidad conversé con Haya de la Torre en la "Casa del Pueblo". He podido charlas con personajes famosos y, por supuesto, personas de distintas partes del mundo. Algunos no me creen, ¿usted me cree? -y antes que le pueda responder, señalando con el dedo dice-. Tome asiento, que ahorita termino con esto".

No se trata de algún novelista o poeta bohemio, ni de un político o diplomático, ni mucho menos de un millonario limeño que le apasiona viajar por el mundo. Se trata de un hombre dedicado a uno de los oficios más característicos y antiguos de la plaza San Martín. Les hablo de Américo Huarco Flores, un lustrabotas cusqueño que le ha sacado brillo a miles de zapatos desde los años en que Manuel Prado era presidente del Perú.

Américo trabaja en la plaza desde que vino de su natal Paucartambo a sus juveniles e ingenuos 18 años. Ahora, a sus 66, al conversar con él uno se da cuenta que es un hombre sabio. "Yo siempre converso con mis clientes, eso me gusta, así he aprendido mucho, -dice mientras termina de lustrar unos zapatos-. Aunque hay gente que al verlo a uno con estas fachas, cree que uno es ignorante... menosprecian -hace una pausa y se ríe-. Ya quisieran conocer a la gente que yo he conocido, ya quisieran conversar con los que yo he conversando", dice con orgullo alzando la mano derecha, como para darle más énfasis a sus palabras.

En varias ocasiones ha lustrado los zapatos a turistas chilenos, quienes quedan sorprendidos cuando les cuenta que conoció a Neruda, y que pudo intercambiar palabras con él mientras sacaba brillo a sus zapatos. "Ellos que son chilenos no lo han conocido en persona, y este lustrabotas a conversado sobre Machu Picchu y Paucartambo con él".

“Antes por aquí caminaban personas famosas: políticos, poetas y artistas. Cuando llegaron los integrantes de la Sonora Matancera, ellos paseaban por aquí, y conversé con Daniel Santos. Me contó que era de Puerto Rico, que fue lustrabotas en Nueva York, mozo y que sirvió al ejército americano. También recuerdo a Doris Gibson, sería en 1958, una mujer muy hermosa, refinada, andaba con pintores, poetas, escritores. Una mujer distinguida”.

Mientras van contando sus anécdotas, sus ojos brillan de emoción, como si volviera a vivir esos instantes. Hace gestos, mueve sus manos, trata de recrear el momento que relata. Por instantes hace una pausa, la memoria le traiciona, sonríe y dice: “Tantos años... espera ahorita me acuerdo”, y prosigue: “Yo he conversado con tres ganadores del Escapulario de Oro del Señor de los Milagros. En el año sesenta y dos con “El Viti”, en el sesenta y tres con “El Paquirri”, y en el sesenta y ocho con “El Cordovez”. Ellos paseaban por aquí”.

Lo que no olvidará jamás es la visita de Pelé al Perú, en 1959, con el "Santos". Américo fue al hotel donde se hospedaba el ídolo brasileño. "Para entrar al hotel, le di una lustrada gratis al moreno de la puerta. Cuando entré, allí estaba Pelé bajando por las escaleras. Él me vio, y yo con unas señas le dije para lustrarle sus mocasines celestes. Mientras yo le lustraba los mocasines, él respondía las preguntas de los periodistas. Al terminar le dije: Pelé una entrada para ir a verte. Ya no hay entradas... una entradita Pelé. Llamó a un tipo gordo con terno azul, le dijo algo al oído, y éste me regaló dos entradas. Eso nunca lo olvidaré", asegura.

Su pasión es la lectura. Cuenta que en sus ratos libres compra libros de segunda mano y que tiene una nutrida colección de “Selecciones”. “Leyendo trato de viajar con la imaginación a lugares que no conozco. Es la mejor manera de instruirme”, afirma.

“A mí me gusta conversar con la gente, de esa manera también aprendo. Pero una vez llegó un caballero con terno negro, traté de hacerle la conversación, pero éste me despreció. Me dijo que era catedrático de la Universidad Villareal, y que él y yo no teníamos temas de conversación”. Américo se sintió mal por el desprecio, pero se armó de valor y le hizo una apuesta que consistía en que cada uno haga una pregunta de cultura general. El catedrático aceptó riéndose. Así, el profesor universitario hizo la primera pregunta, y para su sorpresa Américo la respondió. “Se quedó sorprendido. Pensó que yo no sabía sobre Miguel Ángel. Ahora me toca a mí, le dije: ¿Usted sabe quién hizo la Acrópolis de Atenas? Se quedó callado, se puso a pensar. Me di cuenta que no sabía. Al rato se dio por vencido. Así que le di la respuesta: El que hizo esa obra fue Pericles durante el periodo de máximo desarrollo de los griegos: el Siglo de Pericles. No me dijo nada. Se fue humillado por este humilde lustrabotas”.

-¿Tiene planes para el futuro?, le pregunto-. “Me gustaría regresar a Paucartambo. Quisiera morir en mi tierra. Ya estoy viejo, quisiera descansar. Me gustaría ir a mi pueblo, y contar mis anécdotas a los niños, lo que he vivido. Antiguamente los ancianos eran respetados, eran los maestros. Así me gustaría ser”.

Mientras me despido de Américo, una señora le pide una lustrada. Él la invita a que tome asiento y le alcanza el periódico del día. Así se quedó, sacándole el polvo a los zapatos con una escobilla, echándole betún con los dedos. Así lo dejé, con sus historias, sus anécdotas y sus sueños.

viernes, noviembre 03, 2006

Entrevista a conductora de "Prensa Libre"

Rosa María Palacios: "Mi labor no es formar opinión".

La conductora del programa Prensa Libre, Rosa María Palacios, nos cuenta acerca de su vida profesional y su percepción del periodismo. Se muestra locuaz como en televisión. No evita ningún tema. Asegura que se siente muy cómoda en el programa ya que puede decir lo que piensa sin ningún tipo de restricción.

Abogada de profesión, revela que el mundo del periodismo y la comunicación social la atrapó casi de manera casual. “El periodismo está en la obligación de cuestionar una serie de cosas permanentemente y dejar que la gente se forme su propia opinión” sostiene enfática.

Se graduó en derecho en la Universidad Católica y en la Universidad de Texas. ¿Qué le hizo dejar la abogacía para dedicarse al periodismo?
“A ver…Trabajé casi nueve años como abogada, de pronto tuve la oportunidad de reemplazar a un amigo en un programa de canal de cable que se veía muy poco. La intención era sólo darle una mano a Jaime D’Althaus y a Pedro Salinas. Necesitaban una persona que supiera de temas municipales y sobre reforma del Estado, temas que yo había trabajado. A los dos meses me llamaron de Radio Programas. Ahí la dinámica de mi participación cambió, fue más platicado, un tema político, escuchar a la gente, en fin... Tuve que escoger, porque no podía tener clientes y una audiencia al mismo tiempo. Ahí entraba en un serio problema ético. Entonces decidí hacer algo diferente, porque siempre me agradó la política. Y bueno, me quede haciendo periodismo hasta ahora”.

¿Cuál cree que ha sido el secreto del éxito del programa?
“Mira, no estoy muy segura, la verdad. Creo que tener un buen equipo, trabajar duro, y me imagino, tener mucha disciplina para el trabajo”.

¿Rosa María Palacios es consciente de que sus comentarios forman opinión? ¿Cómo asume tal responsabilidad?
“Yo no creo que forme opinión. Los televidentes son muy inteligentes. Ellos tienen su propia percepción. Yo quiero darles información para que ellos formen su propia opinión sobre determinado tema. El público, creo, es gente que tiene suficiente capacidad de discernimiento, tal vez no culta, tal vez no educada, o que no fue a la universidad, pero que sí puede discernir de lo que le conviene y de lo que no, saber quién la engaña y quién no. Sería arrogante si les dijera por quién votar, por ejemplo, en estas elecciones. Por eso, recomiendo a los estudiantes mucha lectura, para sustentar lo que opinan, para no decir disparates, y antes de dar una opinión, informarse mucho. Tratar siempre de tener credibilidad es fundamental”.

El rating genera obligaciones y a veces excesos, sobre todo en televisión, ¿No le parece?
“Es una herramienta de medición. Mira, sirve para tres cosas: primero, para que el canal venda publicidad, yo no vendo publicidad. En ese sentido, ni me va ni me viene. Si el programa es comercialmente rentable, bien. La venta justifica el mantenimiento del programa. En segundo lugar, el rating sirve para halagar la vanidad del conductor, cosa que a mí me interesa poco. Pero desde el punto de vista de estimular al equipo puede ser interesante. En tercer lugar, si es que lo estudias todos los días, es para conocer los gustos de la audiencia, pero es evidente que hay determinados temas que a la gente no lo interesan. ¿Eso significa que voy a dejar de hacer lo que me interesa?, no, pero ya sé que riesgos corro, a quién invito, etc. Aunque siempre es cuestionable. También sirve para conocer al público. Es un tema complejo”.

¿Dirigiría un programa dominical?
“No me gusta trabajar los domingos. Tengo cinco hijos, y me gusta tener mis días de semana ocupados y pasar el fin de semana con ellos. La verdad, no lo haría”.


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Por: Daniel Meza.