jueves, febrero 08, 2007

Paseando por el Centro de Lima.

Posted on 8:37 p.m. by Javier Vargas

Si piensa visitar el Perú, si piensa pasar unos días en Lima... Lo primero que debe hacer cuando llegue es darse un paseo por el Jirón de La Unión.

Del centro histórico de Lima, la más tradicional y concurrida calle es el Jirón de La Unión. Un lugar para pasear, o como decían los limeños de antaño para “jironear”, donde transitaban distinguidos caballeros de sombreros almidonados, luciendo sus mejores trajes, tratando de conquistar a una linda limeña con el mejor de sus poemas.

Así es este jirón, un lugar con historia y tradición. Al caminar por él nos deslumbra con su arquitectura de estilo republicano y colonial. Las estrellas son los balcones de madera que se lucen majestuosos a pesar de sus más de tres siglos de antigüedad.

Actualmente esta vía se ha convertido en un gran centro comercial. Diariamente es recorrida por cientos de personas, ya que, haciendo alusión a su nombre, sirve de unión entre las plazas más representativas de Lima: la Plaza Mayor y la Plaza San Martín.

En la tercera cuadra del jirón, conocida como “El Portal de los Escribanos”, se ubica el Palacio Municipal, sede del Municipio Metropolitano de Lima; y el Club de la Unión, fundado en 1868. Ambos tienen los balcones de madera más hermosos del jirón, un regalo de la arquitectura neocolonial. Al frente, la Plaza Mayor, donde se ubican: el Palacio de Gobierno y la Catedral de Lima. Desde aquí caminaremos hacia la Plaza San Martín.

Local de la Municipalidad Metropolitana de Lima

Paseando por el jirón.
Es fin de semana, y hay más concurrencia de gente. Es un mar humano el que se apodera del jirón. Entran y salen de los restaurantes, de las galerías comerciales, de las tiendas de ropa, algunos compran, otros simplemente miran. En el camino, “los jaladores” (jóvenes que salen a nuestro encuentro para ofrecernos lo que venden sus tiendas), por ejemplo, te comentan las últimas ofertas o descuentos de la tienda: “Pantoles a treinta soles amigo, camisas a dos por uno... pase amigo, pase...”, dicen en voz alta.

Al entrar en la cuarta cuadra, antiguamente conocida como “Calle de los Mercaderes”, resalta una casona con el número 461. Allí funcionó el estudio fotográfico del francés Eugene Courrenet, el más importante de 1865. Hoy está rodeada de galerías comerciales y restaurantes.

Seguimos caminando, y en la esquina del Jirón de La Unión con la calle Huancavelica, nuestra mirada se distrae y se eleva hasta el cielo contemplando una construción virreynal: la iglesia y convento de La Merced, que data de 1535. Al frente, otra obra imponente, el local del banco Interbank; y para terminar, entre ambas edificaciones, la Plazoleta de La Merced. Más motivos para no dejar de visitar esta tradicional vía.

Entre lo moderno y tradicional.
Mientras avanzamos, nos preguntamos qué no podemos encontrar en este jirón. Miramos a la derecha e izquierda, y hallamos cines, salas de juego, restaurantes, heladerías, joyerías, hoteles, agencias de viaje, galerías comerciales... un sin fin de establecimientos.

Las casonas, con sus balcones de madera, unas más bellas que otras, adornan el jirón. En ellas vivieron las familias más adineradas de la aristocracia limeña del siglo XVIII. Pero si hablamos de casonas, no podemos dejar de nombrar el Palais Concert, una confitería que fue el lugar de reunión de poetas, artistas y de la Lima Bohemia de la primera mitad del siglo XX. Sitio predilecto para las conversaciones de intelectuales como César Vallejo, José Carlos Mariátegui y Abraham Valdelomar. Éste último, dijo una frase que reflejaba el pensamiento de la Lima de antaño: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de La unión, y el Jirón de La Unión es el Palais Concert”.

1930. Damas de vestidos largos, caballeros de terno y sombreo transitaban por el jiron.

Esta casona se encuentra en la cuadra siete, en la esquina con la avenida Emancipación. Hoy es una galería comercial, donde además, funciona una discoteca de mala muerte.

Mientras recorremos la cuadra ocho, observamos parte de la Plaza San Martín al final de la calle. Y antes de terminar el recorrido, una refrescante cerveza helada en el bar Yacana nos caería bien. Desde el segundo piso se tiene una vista panorámica de la plaza, y al contemplarla nos damos cuenta que lo bueno, recién comienza.

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